Mi relación pasada y actual con los videojuegos

No existe una única manera de disfrutar los videojuegos. Los hay que gustan de una variedad de géneros y quienes se centran en uno. Hay quien juega solo y quien lo hace con otras personas, sean o no estas conocidos, amigos y/o familiares. Y los hay que consumen vorazmente cuanto cae en sus manos y quienes son más selectivos y solo juegan a aquello que de verdad les atrae. En mi caso ha habido un poco de casi todo, si bien en estos últimos tiempos me he movido más hacia una tendencia que, no me avergüenza confesarlo, me ha hecho preguntarme en más de una ocasión si realmente me gustan los videojuegos. Pero hace tiempo que tengo clara la respuesta, y en este post personal expondré los motivos y la conclusión que me llevó a ella…

Para llegar a la misma lo primero que hice fue retrotraerme a aquellos años en los que comenzaba a disfrutar de los videojuegos tanto en solitario en los bares que contaban con una máquina como en compañía de los amigos cuando acudíamos a alguno de los salones recreativos que había en la ciudad, varios de ellos situados en mi barrio como he contado en otras ocasiones. Ya por entonces me mostraba selectivo a la hora de invertir mi dinero aunque también hubo momentos para probar otras cosas que, en su mayor parte, no volvería a tocar tras la primera partida. Me divertía mucho más jugando una y otra vez esos títulos que me gustaban incluso aunque ya hubiera logrado terminarlos muchas veces, quizá porque era algo seguro no solo en términos de diversión, también en tiempo invertido y en ahorro económico porque, claro está, durar más hacía que gastase menos monedas.

En el ámbito doméstico la situación era similar aunque por motivos totalmente diferentes. Mi vida como jugador comenzó en 1990 con el Amstrad CPC 464 Plus, máquina a la que le estuve dando uso casi toda la década pero más programando en ella que jugando a los juegos disponibles, de los cuales apenas tuve unos pocos a pesar de la posibilidad de poderlos grabar en cintas vírgenes y cargarlos sin ningún problema. Y es que ya entonces tenía, como sigo teniendo actualmente, la percepción del valor que tiene cualquier trabajo creativo en el que su autor ha invertido horas de su vida en darle forma y llevarlo hasta nosotros. Dicho de otra forma, siempre he estado en contra de la piratería o, si se prefiere, del uso de «copias de seguridad» y solo he acudido a este método en aquellas ocasiones en las que quería acceder al producto para asegurarme de que me merecía la pena su posterior adquisición.

Pero por poco que uno juegue o, más bien, por pocos juegos a los que se acceda, al final el paso de los años hace que estos se acaben acumulando. Y eso, acumular, es algo que no me gusta, de ahí que ya en varias ocasiones haya hecho limpieza, la última hace poco. Sé que esto contrasta con la recuperación de material antiguo sobre la que hablé en este mismo blog, pero dicha acción vino más por haberme dejado arrastrar por lo que hacen algunos contactos de Twitter que por un deseo verdadero de disponer de todo lo adquirido en cualquier momento. Algo esto último que he acabado comprendiendo que, al menos en mi caso, no merece la pena puesto que no solo ya no me apetece ponerme a jugar con dichos títulos sino que, además, tampoco puedo hacerlo en las mejores condiciones. A este respecto, muy posiblemente haga una limpieza definitiva en un futuro cercano, pero todavía no lo tengo decidido pues el vínculo emocional con algunas de las cosas que conservo sigue siendo fuerte.

Aun así me niego a acumular material, ya sea físico o digital, como también a consumirlo por el mero hecho de hacerlo, de pasar el rato, de acabarlo (si se da el caso) y pasar al siguiente como si de una cadena de montaje se tratara. No negaré que hacerlo de esta forma implica desconocer muchas cosas, si bien no siento en absoluto que me esté perdiendo nada porque esto, perderse algo, se aplica o debiera hacerse solo a aquello que uno siente que quiere disfrutar, conocer, vivir y/o experimentar y que, por diversas razones, no puede. Pero si como es mi caso no se quiere, simplemente será como si no existiera que es lo que, entre otras cosas, me sucede con Nintendo, sus consolas y juegos propios que sí, están ahí, pero no para mí.

Por otra parte, algo que también me caracterizó tiempo atrás (como a casi todo el mundo) fue que siempre miré hacia adelante. Es decir, que gustaba de lo actual, dejando en consecuencia a un lado lo anterior aun pudiendo regresar a ello en ciertos momentos puntuales aunque no fuera la norma. Pero yo, como muchos otros, fui atrapado por la corriente retro que se produjo hace unos años, que todavía perdura aunque ya con menos fuerza y que hizo que, por vez primera en la historia del videojuego, se pusiera atención en los viejos sistemas de entretenimiento que, salvo por aquellos que siempre mantuvieron su afición por ellos, habían quedado olvidados hasta entonces. Pero ahora soy consciente de que no me merece la pena, no solo ya por el hecho de que dicho material haya adquirido un valor económico en mi opinión totalmente desproporcionado y en muchos casos inalcanzable, también por la posibilidad que existe de acceder al mismo aunque no sea en las condiciones originales. Sin embargo, a día de hoy todo aquello que me brindó incontables horas de diversión y emoción ha dejado de hacerlo (al menos en la misma forma e intensidad), por lo que he terminado por alejarme de ello para centrar nuevamente mi atención en el presente y el futuro próximo, que es lo que, como dije antes, siempre había hecho.

Y dicho futuro pasa, ahora mismo, por descubrir lo que el nuevo PlayStation Plus ofrecerá a partir de junio. Mi intención es la de suscribirme a la versión Premium durante un mes para probar las diferentes características y ver su catálogo pese a que lo más seguro es que solo acabe disfrutando de una mínima parte, y eso siempre y cuando haya algo de mi gusto. Pero, como he mencionado a menudo, sigo pensando que esta clase de servicio será la tendencia en unos años y que la forma tradicional de acceder a los videojuegos ya no tendrá la misma presencia e importancia aunque se puedan seguir adquiriendo. Las nuevas generaciones criadas en el mundo digital vienen empujando fuerte y apartarán a todo aquel que siga anclado en el pasado. Y aunque durante un tiempo pensé en la posibilidad de ser uno de estos últimos, lo nuevo me sigue atrayendo lo bastante como para no querer perdérmelo aunque luego solo lo aproveche un poco.

No obstante, lo que más claro tengo acerca de mi relación con los videojuegos es cómo ha ido cambiando lo que busco en ellos a medida que ambos evolucionábamos. De niño y adolescente solo me preocupaba estar entretenido, divertirme, pero eso ha dejado de ser suficiente con el paso del tiempo. Obviamente quiero pasarlo bien, pero ahora también deseo vivir emociones e historias que me atrapen, conocer a personajes que me cautiven, sentirme en definitiva parte de esos mundos o universos en los que me introduzco a través de la pantalla y el mando de control. Y todo lo que no me ofrece dicha posibilidad o donde no veo ese potencial termina por no satisfacerme y hace, por tanto, que lo ignore y/o rechace y siga buscando entre la inmensa oferta existente algo que sí lo haga.

Ahora estoy pasando un bache, una mala racha si quiere verse así, pues llevo dos semanas sin tocar un solo juego dado que lo que tengo ya lo he jugado mucho y no hay nada nuevo que me atraiga lo suficiente. Pero sé que antes o después saldrá algo y volveré a disfrutar como siempre lo he hecho, respondiendo así a la pregunta que yo mismo me he formulado y que he plasmado al comienzo de este post. No lo abrazo todo, ignoro o incluso rechazo como dije antes mucho de cuanto existe, que no es poco y va a más, no me dejo arrastrar (o lo intento) por el consumismo voraz y desenfrenado, jugando en cada momento solo a aquello que realmente me apetece pero, a pesar de todo, puedo afirmar que me gustan los videojuegos porque, de otro modo, no llevarían conmigo casi 40 años y los que, espero, queden aún por llegar.

2 comentarios en “Mi relación pasada y actual con los videojuegos

  1. Buenas Emilio!
    Totalmente de acuerdo con tu reflexión final. Llevas tantos años con los videojuegos, que es un hecho que sí te gustan.

    Lo único que te honra que no sigas las corrientes y lo que el sector quiere imponer sí o sí. Que es la sensación que tengo de “borregismo” que transmiten los youtubers gamers o las redes sociales.

    ¡Un abrazo fuerte!

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    • Gracias, Vanessa. Parece una conclusión sencilla pero me ha llevado su tiempo, máxime cuando precisamente por no seguir las corrientes dominantes le acaban a uno llegando las dudas, pero luego observas tu propio bagaje y te das cuenta de que no hay nada de lo que dudar.

      Otro abrazo para ti también. Saludos.

      Le gusta a 1 persona

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